Apología del hotel de aeropuerto

Hace unos días perdí la conexión de Miami a Liberia, Costa Rica. Tuve que pasar la noche a un hotel próximo al aeropuerto, un hotel de esos cuyo nombre están pensados para ente olvidados.

A hoteles así se llega por dos motivos y ninguno es increíble.

1) Por extremado significado √ļtil.

2) Por retraso/cancelaci√≥n del vuelo: Nos ocuparemos del segundo caso, el m√≠o, porque el primero no tiene soluci√≥n. Cansada, despeinada, deshidratada cruc√© la puerta del hotel con la misma fantas√≠a con la que voy a la farmacia a comprar Frenadol. Pero, al momento comenc√© a o√≠r los cimientos de mi pr√°ctica y esnobismo tambalearse: ¬Ņy si ese hotel (oops, ya olvid√© el nombre) no estuviera tan mal?

Razones que me llevan a lanzar esta temeridad:

1. Para empezar, había wifi gratuito por todo el hotel. Y una suerte de tienda con 40 tipos de patatas fritas. Así se gana mi corazón.

2. La moqueta. Esos pasillos con moquetas de estampados imposibles se están perdiendo. En Estados Unidos se mantienen y muy dignas. Siempre es un satisfacción ver que no todo ha sucumbido a la escandinavización de los interiores o al seudo minimalismo.

3. La habitaci√≥n. Fant√°stica habitaci√≥n, oigan. Todo vasto, como era de esperar: cama inmensa, ducha con presi√≥n tipo cataratas de Iguaz√ļ, cafetera con su adecuado caf√© caldoso, sal√≥n para trabajar. He estado en muchos lugares diez veces m√°s caros que no daban la talla como el cuarto de ese hotel que, ay, c√≥mo se llamabah

4. Tenía hasta piscina triste. Por pedir, tenía esa anomalía.

5. La posibilidad de ver la HBO en su lugar, en recto. Y que coincida que esa noche ponen True Detective. En ese calceta, la anulación del vuelo ya está en el altillo de la recuerdo. Me preocupaba más la anulación de la sucesión. Ya estaba en el regalo y muy agradecida.

6. Porque, y aquí escarbamos un poco más, una vez vencido el rabia delantero, la impresión que se siente en un hotel de aeropuerto es de gratitud. Por no estar deambulando por el aeropuerto como Tom Hanks, por no tener que tomar decisiones, por tener cama y ducha. Así funcionan sus resortes.

7. Los hoteles de aeropuerto americanos te inundan con papeles para pedir almuerzo en el cuarto. Y esto, a nosotros, seres de la vieja y menguado Europa, nos resulta exótico. Levantamos el teléfono y pedimos, por modelo , una ensalada que lleve tortillas de maíz. Porque nos lo merecemos, que es otra impresión que aparece siempre en un hotel de aeropuerto. Ya que todo va mal, voy a tomar el control.

8. Te llevan y te traen. Qu√© satisfacci√≥n que alguien controle tu hora de vuelo, qu√© satisfacci√≥n dejarse llevar. Aunque sea un d√≠a. Al desenlace, √ļnico deja un hotel de aeropuerto con esa impresi√≥n de desconcierto de quien se enamora de quien no espera. En este caso, el amor suele ente breve, pero qu√© m√°s da. Eso s√≠: sigo sin acordarme del nombre. Suites no-se-qu√©.

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