Los españoles, y no los rumanos, «invaden» el imperio Unido

«No vengo a robar a su nación, vengo a trabajar porque me encanta trabajar». Así se justificaba, embrollado y asediado por un inaudito comité de bienvenida, Victor Spirescu nada más bajar del primer avión procedente de Bucarest que aterrizó en el aeropuerto de Luton el pasado día 1. El joven rumano, de 30 años, acompañado de su amigo Julian Barbat, tuvo la suerte, buena o mala, de ente el más fluido en inglés del puñado de pasajeros que llegaban a Londres por primera vez como inmigrantes económicos, tras el levantamiento de las restricciones a la voluntario tránsito de ciudadanos de Rumanía y Bulgaria por varios países de la UE.

En el primer vuelo desde Bucarest el día 1 no hubo ni señal de invasión de rumanosLe esperaban un enjambre de periodistas y dos miembros del Parlamento, que tuvieron la sutileza de invitarle a un café. La mayor fragmento del pasaje estaba combinado, sin decomiso, por residentes en imperio Unido que habían vuelto a vivienda por Navidad. Ni señal de la invasión de rumanos que llevan cacareando desde hace meses los sectores conservadores británicos, con el primer ministro a la cabeza. Spirescu contó que tiene ya un labor como limpiacoches, pero que aspira a encontrar algo mejor para ahorrar y volver a la localidad de Pelisor en Transilvania, donde le espera su hembra, Catalina. Esta muchacha de etnia gitana ya estuvo un año trabajando en Italia, para que la joven pareja pudiera construirse una vivienda. Ahora le toca el tanda a él de prosperar en un nación más rico para poder construir una vida en el suyo.

España, segunda surtidor de inmigrantes

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