Mia Couto: «Los africanos tienen una relación comprensiva con la defunción. Los muertos están aquí, no se han ido»

a. ARMADAMia Couto, en el jardín de la empresa Española de colaboración en la caital mozambiqueña

Mia Couto: «Los africanos tienen una relación comprensiva con la defunción. Los muertos están aquí, no se han ido»

Del amor por los gatos y de la impotencia de su hermano pequeño de pronunciar su nombre, Emílio, fue rebautizado por sus amigos y sus padres como Mia. Nacido en Beira en 1955, António Emílio Leite Couto es vástago de emigrantes portugueses que buscaron en Mozambique una vida mejor. A la edad de catorce años publicó algunos de sus poemas en «Notícias de Beira», un cíclico local. Tres años más tarde, en 1972, se mudó a la capital, Lourenço Marques (rebautizada Maputo tras la emancipación de Lisboa), y comenzó a estudiar fármaco. La guerrilla marxista Frelimo (Frente de salvación patrio de Mozambique) le pidió que abandonara sus estudios universitarios para infiltrarse en la prensa colonial. Tras más de una década dedicado a los periódicos optó por volver a la universidad y matricularse en Biología. Desde entonces ha dedicado su vida a la biología y la literatura, dos de las grandes pasiones de este escritor con hitos tan logrados y bien traducidos al español como «Voces anochecidas», «Tierra sonámbula» o «El ulterior vuelo del flamenco».

Se siente tan africano como cualquiera, al margen del color de su pielSe siente tan africano como cualquiera, al margen del color de su piel, no en vano comparte la noción del período circular, «una relación muy comprensiva con la defunción, porque los muertos están aquí, no se han ido. Se sienten así menos asfixiados por los miedos existenciales». Una noción que entronca con la del gran novelista estadounidense William Faulkner, en el significado de que «el pasado jamás muere, ni siquiera es pasado». La poesía y la representación mental nutren un gusto reconocible a alejamiento, como se manifiesto en «Jesusalém», todavía inédita en español, una de las grandes obras de una de las figuras más respetadas y admiradas de Mozambique, quizá predestinado a convertirse algún día en el primer galardón Nobel de la literatura africana en portugués.Se reconoce en el afinador de silencios, personaje clave de «Jesusalém»Se reconoce en el afinador de silencios, personaje clave de «Jesusalém». Mia Couto dialecto pausadamente, mirando a los ojos con interés y una combinación de cariño y timidez, como si escucharan, con una voz leve, tranquilidad, a veces titubeante (no le gusta imponerse, sabe prestar atención) y el portugués sedoso que se estila en Mozambique, enriquecido con términos con los que él ha multiplicado la idioma de la antigua colonia del África Oriental Portugués. El escritor bebe en otros libros, pero además en la vida, en la música, especialmente en la música popular brasileña, como la de Chico Buarque o Caetano Veloso: «Me sugirieron que el portugués era una idioma variada y poética, muy rica. Mi padre no tenía tanto dinero, pero adoraba los libros, y cuando llegaba con único a vivienda yo hacía de contrabandista y lo escondía antes de que mi madre se diera abalorio. Me hice un fanático de la poesía española, de la vida y la poesía de Miguel Hernández». Entre sus grandes fuentes de inspiración destacan la poeta portuguesa Sohia de Mello Breyner Andresen (la novela «Jesusalém» está cuajada de citas suyas) y el novelista brasileño Guimarães Rosa, gran acuñador de palabras, como el propio Mia).

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